
La central sindical más importante del país, la CGT, dio una señal clara: no aceptará cambios en la legislación laboral que signifiquen un retroceso de derechos. En una reunión ampliada de su “mesa chica”, que se prolongó por más de tres horas en la sede de Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), se acordó mantener la unidad interna como condición para enfrentar el proyecto oficialista de reforma laboral.
El foco de la preocupación gremial es el borrador que prepara el gobierno de Javier Milei, que —según los dirigentes— apunta a la flexibilización de los convenios colectivos, el fomento de la negociación por empresa y la reducción de la protección existente. “Si la reforma laboral es progresiva, está bien; pero si es para retroceder, no va a haber negociación de ningún tipo”, advirtió Héctor Daer, cosecretario general de la CGT.
Al mismo tiempo, la CGT se prepara para renovar sus autoridades el próximo 5 de noviembre. Varios dirigentes se postulan para integrar el nuevo triunvirato o eventual conducción unitaria. Entre los nombres que circulan figuran Jorge Sola (gremio del Seguro), Cristian Jerónimo (Sindicato del Vidrio) y Maia Volcovinsky (Judiciales).
El escenario es entonces doble: por un lado, una CGT movilizada para resistir lo que considera un avance regresivo en materia laboral; por otro, una reorganización interna que definirá su liderazgo para los próximos años. En los pasillos gremiales ya se discuten posibles medidas de fuerza, alianzas con gobernadores y legisladores, y estrategias de negociación.
La tensión está instalada entre el Gobierno, que busca avanzar en la reforma con el respaldo parlamentario reciente, y la CGT, que enfatiza que la defensa irrestricta de los derechos laborales es no negociable. En ese marco, la renovación de la conducción sindical se vuelve clave para definir el tono y la intensidad de la respuesta.

