El actual Secretario de Servicios Públicos de Paraná empieza a moverse como candidato a intendente en 2027. De la gestión técnica al tablero político, su salto abre interrogantes sobre poder, conducción y resistencia en un escenario local marcado por tensiones.
Julián Hirschfeld no es cualquier funcionario. Es el que ejecuta. El que aparece donde el Estado municipal se vuelve concreto: alumbrado, calles, agua, mantenimiento. Es, en términos políticos, la cara operativa del gobierno. Donde la gestión deja de ser discurso y se transforma en presencia territorial.
Por eso su cambio de posición no es menor. Cuando quien encarna la ejecución empieza a exponerse como figura, a recorrer con otra lógica, a hablarle a la ciudad y no solo a resolverle problemas, ya no está mostrando gestión: está proyectando poder.
Ahí aparece el punto incómodo: ¿puede el jefe de la ejecución transformarse en conductor? ¿O queda atrapado en la lógica de resolver lo urgente sin poder construir lo importante? Porque gobernar una ciudad no es solo hacer que funcione: es decidir hacia dónde va.
Hirschfeld conoce la ciudad desde abajo, desde el barro de la gestión cotidiana. Eso le da volumen. Pero también lo condiciona: lo posiciona más como respuesta que como dirección. Todavía no dijo que quiere ser intendente. Pero cuando el que ejecuta empieza a hablar como si condujera, la política ya tomó nota.
Y en Paraná, eso nunca es un gesto inocente. Ante el amague de Frigerio de adelantar, está la posibilidad de que lo deje expuesto y lo coma en velocidad, quedando en offside. Ese es el riesgo de quienes, desde la gestión, no observan el escenario político.
El 2027 no es una carrera de velocidad, sino de resistencia. Del manual del dirigente.

