IA y SALUD MENTAL
Dentro de los usos que las personas les dan a las plataformas de IA, encontramos las que buscan apoyo emocional. Es de público conocimiento el lanzamiento político al mercado en nuestra provincia de una app para orientación a adolescentes y padres. Estas maniobras están reforzando la vulnerabilidad a la que quedan expuestos en el uso de estas tecnologías, sobre todo en la adolescencia en donde el uso reiterado de las mismas va volviendo cada vez más delgada la línea que separa la «virtualidad» de la “realidad compartida” con los otros.
Para dar un ejemplo, estos usos indiscriminados pueden producir efectos colaterales: sabemos que el mercado al ofrecer objetos de consumo, en este caso un acompañamiento digital, asesoramiento o soporte, acentúa la búsqueda de satisfacciones inmediatas, a las que recurriría una persona con consumo problemático que presenta, entre otras dificultades, la imposibilidad de tolerar la espera; lo que daría como resultado la alimentación de los mecanismos inherentes a la problemática de consumo misma. Por otro lado, puede llevar a la ilusión de que está recibiendo respuestas adecuadas de un » chat bot» o de los algoritmos con los que suelen funcionar estas aplicaciones, mecanizando los vínculos dentro del imaginario de una supuesta realidad vincular afectiva con un otro.
Propiciar que se multipliquen estas apps y plataformas pone en evidencia el deterioro de los vínculos interhumanos y la ruptura del lazo social, que al buscar apoyo emocional en una app (aunque se hable de complementaria) no hace más que pretender desmentir como sociedad la situación de desconexión, la falta de confianza en los otros y el mal funcionamiento de las políticas públicas en salud mental, ejerciendo efectos negativos en la subjetividad y en el psiquismo. Existe una carencia en la promoción de espacios para que el verdadero encuentro humano pueda desplegarse y aportar al enriquecimiento mutuo, que se logra haciendo circular la palabra a través del diálogo con un otro. En definitiva, estas prácticas denuncian un síntoma de época que pone en evidencia a una sociedad que no muestra como prioridad la construcción de sujetos sociales y éticos. Desde la psicología sabemos que el vínculo interhumano no puede ser sustituido nunca por una máquina y mucho menos reemplazar una situación de psicoterapia en donde ese vínculo es tan necesario que se establezca para que continue construyéndose en el devenir del proceso terapéutico, para producir los cambios y reposicionamientos necesarios.
Javier Zapata. Lic en psicología M.P 2472

