Industria textil en alerta: fábricas paralizadas, empleo en baja y avance de productos importados

Industria textil en alerta: fábricas paralizadas, empleo en baja y avance de productos importados

La industria textil argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Con niveles de actividad en mínimos históricos, fuerte destrucción de empleo y un marcado incremento de las importaciones, el sector exhibe señales de deterioro que preocupan a empresarios y trabajadores.
De acuerdo con el último relevamiento difundido por la entidad empresaria Fundación Pro Tejer, la producción del rubro registró en noviembre de 2025 una caída interanual del 36,7%, y el retroceso alcanza el 47,6% si se compara con el mismo mes de 2023. Se trata del peor desempeño entre las ramas industriales, en un contexto de consumo debilitado y creciente competencia externa.
El uso de la capacidad instalada se ubica apenas en torno al 29%, lo que refleja que más de dos tercios de la estructura productiva permanece ociosa. En términos prácticos, esto implica fábricas trabajando a media máquina, turnos reducidos y un horizonte de inversión prácticamente paralizado.
El impacto en el empleo es otro de los puntos críticos. Entre fines de 2023 y octubre de 2025, el sector textil, de confecciones, cuero y calzado perdió más de 18.000 puestos formales, lo que representa una contracción superior al 15% del empleo registrado. Además, en menos de dos años cerraron 558 empresas del rubro, equivalente a cerca del 9% del total.
En paralelo, las importaciones alcanzaron niveles récord. Durante 2025 ingresaron al país más de 391 mil toneladas de productos textiles por un valor que superó los 1.700 millones de dólares, con incrementos interanuales del 71% en volumen y 52% en dólares. La mayor presencia de mercadería extranjera en el mercado interno, en muchos casos a precios más bajos, profundiza la presión sobre la industria nacional.
Aunque las ventas minoristas muestran cierta recuperación en términos nominales, buena parte de esa demanda es cubierta con productos importados. Esta desconexión entre consumo e industria local agrava el escenario para los fabricantes argentinos, que enfrentan mayores costos y menor escala de producción.
El panorama abre un debate de fondo sobre la política comercial e industrial: cómo equilibrar el acceso a bienes más económicos para los consumidores sin comprometer la sustentabilidad de un sector que genera empleo en múltiples provincias y forma parte de la matriz productiva del país.