Paraná late en sus calles, en el movimiento de colectivos, en la vida comercial que sostiene a miles de familias. Pero hoy ese pulso está interrumpido por una obra provincial que avanza con demoras y afecta la vida cotidiana en el corazón de la ciudad.
La intendenta Rosario Romero recibió al ministro de Planeamiento de la Provincia, Hernán Jacob, y le reclamó formalmente que se acorten los plazos de la sistematización de los desagües pluviales de la Cuenca La Santiagueña. La obra, financiada por la Provincia y ejecutada por la empresa Quaranta, debía estar concluida este año, pero los retrasos mantienen cerradas arterias clave como Colón, Corrientes y Gardel, generando desvíos de líneas de colectivos y embotellamientos en horas pico.
Desde el Municipio, el secretario de Planificación e Infraestructura, Eduardo Lorefice, subrayó que “los vecinos necesitan claridad sobre cuándo se verán terminadas estas obras que afectan el tránsito y el transporte público en la zona central”.
Mientras tanto, la Municipalidad tomó medidas para mitigar el impacto: ejecutó pavimento en tramos de calles Salta y Nogoyá, buscando devolver fluidez a la circulación y aliviar la incomodidad de vecinos y comerciantes.
El compromiso provincial es rehabilitar en julio el tramo Colón–Corrientes, pero la ciudad exige certezas. Porque Paraná no puede esperar: su gente necesita que las obras se conviertan en soluciones y no en obstáculos.

