
Por Nahuel Bourlot
Para iniciar un análisis y una opinión sobre lo ocurrido ayer, es necesario atender a algunos elementos clave del resultado electoral en Entre Ríos:
La participación fue inferior a la del pospandémico 2021.
El voto en blanco triplicó los promedios legislativos previos, llegando al 10%.
El oficialismo nacional y provincial, unidos, sumaron 380 mil votos: unos 50 mil menos que en 2021 y 2017.
El PJ obtuvo unos 245 mil votos, casi idéntico a 2021. Si se agregan los de Ahora 503, alcanza 270 mil, unos 40 mil menos que en 2017.
La explicación preliminar es que ese 20/25% de indecisos que auguraban una elección pareja terminó por ratificar el espacio del Presidente y del Gobernador, y sólo una mínima parte votó en blanco. Una inflación más controlada, un consumo que retrocede sin derrumbarse y un discurso opositor centrado en la corrupción —que pierde fuerza cuando su figura principal fue condenada por ese delito— configuran un escenario que ayuda a explicar ese apoyo.
A su vez, como primera conclusión general, queda decir que LLA consolidó su sello, como una alternativa atractiva a pesar de no contar con la figura de Milei en las boletas (en una provincia donde existían otras opciones no peronistas).
Por otro lado, el peronismo enfrenta la dificultad de construir una alternativa atractiva más allá del eventual desgaste del gobierno. Hoy depende más del desencanto ajeno que de su propia capacidad de persuasión y poco ayuda la constante renovación de nombres.
Además, la elección de septiembre en la provincia de Buenos Aires demostró algo intuitivo pero no poco importante, confirmado ayer: el peronismo precisa de la movilización de los dirigentes locales para traccionar o convencer, más que nunca en un escenario en donde el no peronismo unido no precisa de lo mismo.
¿Cheque en blanco?
Incluso con un escenario de paridad nacional, el gobierno quedaba bien posicionado hacia 2027. Ahora, mantendrá al menos un tercio de las cámaras, lo que le asegura capacidad de veto; contará con financiamiento externo hasta 2027 y margen para intervenir ante eventuales crisis y podrá apoyarse en motores de crecimiento como Vaca Muerta y la minería, con inflación moderada.
Si el gobierno modera sus aspiraciones territoriales (gobernadores propios) y los gobernadores “moderados” acompañan con prudencia, el horizonte parece bastante transitable. Pero si intenta avanzar con reformas sensibles —como reducción de Ingresos Brutos, flexibilización laboral o modificaciones en cajas previsionales—, deberá negociar con una oposición debilitada pero aún necesaria.
A mayor intransigencia, mayor probabilidad de que resurja un discurso opositor centrado en los riesgos del programa oficial. Por ahora, ese discurso no logra erosionar el apoyo al gobierno ni mucho menos devolver votantes al PJ.

